Los Años de Pontífice

Aproximadamente a las 5:15 pm del lunes 16 de octubre de 1978, el Cardenal Decano del Sagrado Colegio Cardenalicio se ubico frente al Cardenal Karol Wojtyla, quien estaba sentado en su lugar en la Capilla Sixtina, y le preguntó: ¿Acepta su elección canónica como Supremo Pontífice? Luego de recibir una respuesta afirmativa dijo: ¿Por qué nombre le gustaría ser llamado? En el momento de este simple intercambio verbal, el Papa Juan Pablo II se transformó en el sucesor número 263 de San Pedro, con toda la autoridad que Cristo le dio al apóstol, para enseñar, santificar y gobernar Su Iglesia. En pocos momentos iba a ser revelado al mundo desde el balcón de San Pedro, para generar así la ahora histórica emoción de ver al primer Papa polaco y primer Papa no italiano en 450 años.


Juan Pablo II es elegido papa

Aunque desde la aceptación de su elección un hombre ya es Papa, la ceremonia de reconocimiento viene con la solemne inauguración, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro el domingo 22 de octubre de ese año. Desde el principio, emergieron las más sorprendentes características de su pontificado- una visita a la parroquia de Castel Gandolfo (Oct 25), sede de la residencia de verano del Papal, peregrinaciones al Santuario Mariano de Mentorella (Oct 29) y a la tumba de San Francisco de Asís (Nov 5); una visita pastoral a la parroquia de su diócesis (Dic 5), seguida de viajes pastorales a México (con una parada en las Bahamas) en enero de 1979, una visita a su natal Polonia en junio y a Irlanda y Estados Unidos en Octubre. Pocos pudieron imaginar las distancias que el Papa Juan Pablo II recorrería para llevar el mensaje de Jesús a cada persona y a cada nación sobre la faz de la tierra. Veinte años despues de su elección, ha hecho más de 100 viajes al exterior y realizado una aun mayor cantidad de visitas pastorales a las diócesis de Italia. Ha sido visto y oído en una forma u otra, por la mayoría de la raza humana.

No obstante, el trabajo de un Pontifice está constituido por muchas mas tareas en el mundo - la de enseñar y escribir, la de renovación y reforma de las estructuras para caminar a la par de las necesidades actuales, la de reunnirse con sus compañeros Obispos asi como con líderes mundiales. En todas estas areas, el Papa Juan Pablo II ha logrado notables contribuciones.

Además de las muchas homilías predicadas tanto en Roma cuanto en sus visitas pastorales, las audiencias generales de los miércoles, y los mensajes del Angelus de los domingos, el Papa Wojtyla (como lo llaman cariñosamente los italianos) ha publicado 12 Cartas Encíclicas. En la elaboración de estos importantes documentos (segundos en importancia, luego de las constituciones doctrinales), ha seguido un claro patrón centrado en una renovación de la Fe en sus principales áreas. Por ejemplo, ha publicado tres encíclicas sobre la Santisima Trinidad, ocupandose de una Persona distinta en cada trabajo. Su primera encíclica (1979) fue Redentor del Hombre (Redemptor Hominis), sobre el misterio de Jesucristo, doctrina central del cristianismo. En 1980, escribió sobre el Padre Rico en Misericordia (Dives in misericordia) y en 1986, sobre el Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida (Dominum et vivificantem). También ha escrito respecto del lugar tan especial de María, Madre del Redentor (Mater Redemptoris) en el plan de Redención. Refiriéndose a los problemas de nuestros días, ha recogido la naturaleza de la auténtica teología moral y de los errores actuales, en el Esplendor de la Verdad (Veritatis Splendor, 1993), la defensa de la vida humana en Evangelio de Vida (Evangelium Vitae, 1995), la dimensión moral del Trabajo Humano (Laborem Exercens, 1981), y los defectos del comunismo y el capitalismo en Preocupaciones Sociales (Sollicitudo Rei Socialis, 1987) y en su encíclica por el centenario la del Papa Leon XIII, Rerum Novarum (Centesimus annus, 1991). La continua importancia del esfuerzo por reunir a los cristianos se manifiesta en Que puedan ser uno (Ut Unum Sint, 1995), encíclica sobre el compromiso ecuménico, mientras que la necesidad de evangelizar fuera de la cristiandad fue tocada indirectamente en su encíclica en conmemoración de los santos Cirilo y Metodio, apóstles de los eslavos (Slavorum Apostoli, 1985) y directamente en Misión del Redentor (Redemptoris Missio, 1991). Finalmente, reflexiona sobre el relativismo intelectual de nuestro tiempo y sobre la relación entre la Fe y la razón en su enciclica la Caída de 1998.


Sus encíclicas y otros documentos papales

En las cartas apostólicas, exhortaciones y otros documentos, ha tratado muchos otros temas tales como el Misterio y Adoración de la Santa Eucaristía (Dominicae Cenae), la correccion los abusos de la Sagrada Eucaristía (Inaestimabile Donum), el rol de San José como Custodio del Redentor (Redemptor Custos), la Dignidad de la Mujer (Mulieris Dignitatem), la restricción de la Ordenación Sacerdotal a los hombres (Ordinatio Sacerdotalis), la facilitación del retorno a la Iglesia de los seguidores del Arzobispo Marcel Lefebvre y de la celebración de la Misa de acuerdo al Misal de 1962 (Ecclesia Dei), el combate del aborto y la eutanasia, en mantener el Domingo Santo (Apostolos Suos), acerca del gran Padre San Agustín, sobre el patrono de los sacerdotes San Juan Maria Vianney, la veneración de las imágenes sacras, y dos sobre Universidades Eclesiásticas, entre otras.

Acogiendo los consejos colegiados del Sínodo de Obispos, el Papa también ha publicado exhortaciones apostólicas sobre temas tan variados como el Rol de la Familia Cristiana en el Mundo Moderno (Familiaris Consortio), la importancia del Sacramento de la Reconciliación (Reconciliatio et Paenitentia), la Vocación y Misión del Laicado (Christifidelis Laici), la Formación de Sacerdotes (Pastores dabo vobis), y sobre la Vida Consagrada (Vita Consecrata).

No obstante, de entre los documentos de su pontificado, algunos han sido señalados como los de mayor importancia. Entre ellos se incluye el Codigo de Derecho Canonico para el Rito Latino de 1983, y el Codigo de Canones para las Iglesias Orientales de 1990. Además, la Exhortación Apostólica de 1985, que resultó del Sínodo Extraordinario sobre el Concilio Vaticano Segundo, donde se trató la auténtica comprensión del Vaticano II (contra el falso "espíritu del Vaticano II"); asimismo, la carta apostólica de 1994 con motivos del Jubileo del Año 2000 (Tertio Millenio Adveniente) que llama a la Iglesia a una preparación espiritual para el nuevo milenio, y, el documento mas significativo de todos, el Catecismo de la Iglesia Católica. Tomados todos juntos, tanto en cantidad cuanto en calidad, los escritos y discursos del Papa Juan Pablo II conforman una prodigiosa contribución al Magisterio.


Reformas y programas

El Santo Padre también ha realizado significativos cambios estructurales al gobierno de la Santa Sede. Por ejemplo, ha emprendido reformas económicas en el sistema operativo de la Santa Sede. En parte debido a alegatos de irregularidades financieras y, por otro lado, en vista de algunos déficits presupuestales, creó la Prefectura de Asuntos Económicos, nombrando al Cardenal Edmundo Szoka como el encargado de las temporalidades del ministerio Papal. Promulgó la reforma de la Curia, continuando así el proceso iniciado por el Papa Pablo VI, entre otros motivos, para lograr que el funcionamiento de la Curia y su interacción con los Obispos sea más colegiada. El Papa, claro está, continuó con la práctica de los Sínodos de Obispos, convirtiéndolos en eventos regulares bianuales. A ellos añadió los Sínodos Regionales de Africa y Asia, Europa, Oceania y las Américas, para que los Obispos de continentes enteros puedan compartir y considerar mutuamente sus preocupaciones pastorales comunes. En su propia Diócesis ha presidido un Sínodo Diocesano, atrayendo a sus sacerdotes, religiosos y laicos, a que aporten consejos respecto de los temas particulares de la Diócesis Romana.

Con miras a promover estudios sobre importantes temas, el Papa Juan Pablo II se ha comprometido con numerosos programas especiales. En 1981 estableció el Pontificio Consejo para la Familia para supervisar sus iniciativas de fortalecer el matrimonio y la vida familiar en nuestros días; y el Instituto de Familia Juan Pablo II como una facultad de la Pontificia Universidad Laterana. Esta última cuenta hoy con una sucursal en Washington D.C., lugar donde se otorgan títulos de especialización teológica en el matrimonio y la familia. A su preocupación por la pérdida de respeto hacia la sexualidad humana, el matrimonio,la familia y la vida en general que se vive en nuestros días, puede añadírsele la Pontificia Academia de la Vida, creada para reunir a expertos de distintas disciplinas, para que de esa manera la Santa Sede se mantenga al día en el conocimiento de temas de vida. En la misma línea, la Pontificia Academia de Ciencias Sociales fundada por Juan Pablo II recoge el conocimiento de los expertos en ciencias sociales. También ha permanecido activo en la promoción de la investigación pura sobre la vida y las ciencias físicas, a través de la academia científica internacional más antigua del mundo, la Pontificia Academia para las Ciencias. Por medio del Observatorio Papal, tanto en Italia cuanto en sus nuevas instalaciones en Arizona, ha impulsado investigaciones en astronomía, de la misma manera que sus predecesores, como Gregorio XIII (de quien nace el nombre de nuestro calendario Gregoriano), lo hicieron. Todas estas empresas manifiestan el amor que el Papa y la Iglesia tienen por la verdad y hablan de la misión de acoger todo lo que s verdad dondequiera que se encuentre (Flp. 4:8).

Una discusión acerca de lo que Juan Pablo II ha hecho difícilmente dejaría fuera algunas inciativas un tanto más personales de su pontificado. Su gran amor por Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento y su sentir de que el Papa necesita de las constantes oraciones de los demás para impulsar su misión lo llevó a realizar Exposiciones y Adoración del Santísimo Sacramento en las Basílicas Mayores de Roma durante las horas en que se encuentran abiertas al público. Con este propósito estableció una comunidad de religiosas cercanas a San Pedro para rezar ante el Santísimo Sacramento por él y por la Iglesia. También ha alentado a las comunidades religiosas de la Diócesis de Roma a que dediquen sus oraciones especialmente al ministerio petrino. Viendo esto como una necesidad de la Iglesia entera se ha mantenido inquebrantable en su apoyo a las Exposiciones y Adoraciones en las parroquias, y a las comunidades contemplativas.


Oración y momentos difíciles

Sería muy difícil desasociar el amor del Papa por la oración, en especial por la oración Eucarística, de sus sacrificios personales y la Cruz de sufrimiento que se ha mantenido al lo largo de su Papado. En ambos casos, ha seguido muy de cerca el patrón establecido por Aquel de quien él es Vicario. El 13 de mayo de 1981 fue víctima de mundialmente conocido intento de asesinato de Ali Agca, que lo puso al borde de la muerte. Luego de que fuera dado de alta, ese verano tuvo que regresar al hospital debido a una infección viral. Algunos otras enfermedades y tratamientos que ha sobrellevado incluyen la extirpación de un tumor benigno y resección intestinal (1992), un hombro dislocado (1993), fractura de femur (1994), una apendectomía (1996) y, en los años recientes, temblores en las manos (debido a causas aun desconocidas). Nada de ello, contrario a lo aparecido en los risibles reportes periodísticos, ha afectado su lucidez mental o el celo por su ministerio, de acuerdo a quienes han tratado personalmente con él.

Otro importante elemento de su Pontificado han sido los numerosos Años Santos a los que ha convocado. Con sus raíces en el llamado que el Antiguo Testamento hace a los años sabaticos y jubilares, los Años Santos son celebraciones de un año entero de duración durante el cual la Iglesia presta epecial atención a algún tema en particular. Hace un llamado a los fieles y al mundo para un más profundo arrepentimiento y abre los tesoros de gracias sacramentales y extra-sacramentales para aquellos que realicen peregrinaciones y otras actividades relacionadas con el Año Santo. El mil novecientos cincuenta año de la Redencion fue el objeto del Año Santo de 1983. En 1988, la Iglesia celebró el dos mil aniversario del nacimiento de la Santísima Virgen María.


El Gran Jubileo

Sin embargo, a pesar de la significancia de estos Años Santos, su alcance no puede compararse a los esfuerzos realizados por el Santo Padre para celebrar el Jubileo del Año 2000, el aniversario de la Encarnación y Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Consistente en un período preparatorio de tres años (1997-1999), dedicados de manera sucesiva a Jesús, al Espíritu Santo y al Padre, y seguidos del Jubileo de la Encarnación de un año de duración, con una especial celebración de la Santísima Trinidad y la Eucaristía, es sin ninguna duda la más ambiciosa celebración de Jubileo/Año Santo jamás intentada. Claramente, el Papa Juan Pablo II tiene grandes esperanzas en que traerá renovación espiritual, no sólo en el seno de la Iglesia Católica sino para el mundo, y en que conducirá a la raza humana y a la Iglesia por el sendero de la verdad y el amor, mientras ingresamos al tercer milenio de la era cristiana. Para lograr este objetivo es que ha llamado a los católicos para que especialmente renueven su conocimiento y fidelidad a las enseñanzas de la Iglesia, y que se dediquen principalmente a vivir las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Ha hecho un llamado a los cristianos a una celebración en común del Jubileo así como a una renovada atención a la necesidad de una unidad cristiana, si es que se quiere que el mensaje de Cristo tenga un impacto en el mundo. Ha llamado también a todas las religiones y personas de buena voluntad, a trabajar por el bien común de la humanidad, en tiempos en que entramos a un nuevo siglo y milenio. 

El Jubileo no es, claro está, el primer esfuerzo del Papa por contactar y dialogar con los demás cristianos y otras religiones. Siguiendo el decreto ecuménico del Concilio Vaticano II, y siguiendo también el ejemplo de su predecesor, el Papa Pablo VI, Juan Pablo II se ha mostrado bastante solícito respecto del diálogo teológico y contacto personal con las Iglesias Orientales que no están en unión con Roma. Sostuvo reuniones con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla (Iglesia Ortodoxa Griega) en distintas ocasiones, y deposita su esperanza en una eventual superación de esta tan significativa ruptura en la estructura de la Iglesia. En otras áreas ha aprobado declaraciones de concordancias teológicas con diversas iglesias llamadas "Nestorianas", las cuales se separaron de la Iglesia Católica por las definiciones cristológicas del Concilio de Calcedonia (451). Esto último todavía no ha significado una re-unión, pero sí ha superado la larga división terminológica y la desconfianza creada por las polémicas de los primeros siglos. El Papa ha conversado y promovido contactos ecuménicos con las principales denominaciones protestantes. Fue el primer Papa que desde el siglo primero se dirigió a los judíos en sus sinagogas, el primero en dirigirse a los musulmanes en un país islámico, así como a hindúes y budistas en sus respectivas naciones. En Asis, exhorto a todas las religiones del mundo a orar por la paz. Dicho evento sera re-creado en conexión con el Jubileo. En todos estos esfuerzos el Santo Padre ha combinado un gran respeto por las conciencias de aquellos con quienes la Iglesia está dialogando con un firme celo, para la centralidad de Jesucristo y las enseñanzas de la Iglesia Católica.


Su labor a favor de la paz

Sus esfuerzos por la paz entre los creyentes sólo ha encontrado una contraparte en sus esfuerzos por la paz dentro y entre las naciones. Desde el inicio de su pontificado, su trabajo por los derechos humanos en las naciones (en especial el derecho de adorar a Dios) y por la paz entre los pueblos ha sido, ciertamente, inagotable. Uno de sus tempranos éxitos fue la mediación de una disputa territorial entre Chile y Argentina en 1979. Entre las más notables victorias en el tema de los derechos humanos, en que Juan Pablo II tuvo un importante papel, fue el nacimiento del movimiento Solidaridad en Polonia. Eventualmente, este movimiento condujo a la caída del comunismo en ese país y contribuyó con su desbaratamiento a lo largo de todo el imperio soviético. Sin embargo, él personalmente llevaría la gloria a todo lugar, con la Santísima Virgen María bajo el nombre de Nuestra Señora de Fátima. Cuando ocurrió su milagroso escape de la bala de un asesino en el aniversario de la primera aparicion en Fatima (13 de mayo de 1917), mostró su gratitud viajando a Fátima el 13 de mayo de 1982 para agradecer y consagrar el mundo y a Rusia al Inmaculado Corazón de María, atendiendo al pedido hecho por la Santísima Virgen en 1917. Para cumplir plenamente las peticiones de María, el 25 de marzo de 1984 invitó a los Obispos de la Iglesia Católica, así como a los Obispos Ortodoxos que deseasen participar, a renovar colegiadamente la consagración que él (y anteriores Pontifices) había hecho. Fue a la sombra de esta consagración colegiada que el bloque soviético empezó a resquebrajarse y las personas del Este fueron liberadas de los grilletes que por setenta años sometieron su libertad religiosa. Hoy deben evitar los grilletes del materialismo que esclavizan a las llamadas naciones "libres" del Oeste.

Hay muchos más eventos notables que pueden ser presentados como indicativos del interés de la Santa Sede de proteger los derechos de todos. Estos incluirian relaciones con la autoridad palestina, así como las relaciones diplomáticas con Israel. Además, el envío de miembros de la Pontífica Academia de Científicos a la potencias nucleares para advertir acerca de los costos de una guerra nuclear que los estudios cientificos estaban revelando; su oposición a la cultura de la muerte promovida por algunas naciones occidentales ante la Conferencia de Población Mundial de la ONU realizada en El Cairo y en la Conferencia de Mujeres de la ONU en Beijing; las conversaciones sostenidas con los presidentes tanto de Irak cuanto de Estados Unidos con miras a evitar la Guerra en el Golfo Pérsico, y el apoyo de todos los intentos pacíficos para defender los derechos humanos, tales como la "revolución de terciopelo" en las Filipinas que derrocó la dictadura de Marcos.

Por necesidad, éste es sólo un breve recuento de las numerosas actividades cristianas y humanas de la Santa Sede para propagar la verdad del Evangelio, la verdad acerca del hombre, y la civilización del amor. El capítulo final, respecto de lo que el Jubileo y los últimos dias de este pontificado traerán, aún no está escrito. No obstante, dado el carácter de los primeros veinte años,  ¡la decada o más años que restan serán sin ninguna duda igualmente fructíferos!

 

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