A Cristo en el Santísimo Sacramento

Les dijo Jesús: "Yo soy el Pan de la vida. El que venga a mí no tendrá hambre y el que crea en mí, no tendrá nunca sed... En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él".

Juan 6, 35.53.55-56


“Señor, Quédate con nosotros.”

Estas palabras fueron pronunciadas por primera vez por los discípulos de Emaús. Como consecuencia de ello, a lo largo de los siglos, ellas han sido pronunciadas infinitas veces por los labios de tantos de tus discípulos y los de quienes te confiesan, Oh Cristo.

Pronuncio hoy las mismas palabras. Las pronuncio para invitarte, Cristo, en tu Presencia Eucarística, a aceptar la diaria adoración que continuando a lo largo del día, se lleva a cabo en este templo, en esta basílica, en esta capilla.

Quédate con nosotros y quédate, de ahora en adelante, todos los días, según el deseo de mi corazón.
¡Quédate! Que podamos encontrarte en la oración de adoración y de acción de gracias, en la oración de expiación y de petición, a la que todos los que visitan esta Basílica están invitados.

¡Quédate! Tu que estas al mismo tiempo velado por el misterio eucarístico de la fe y revelado bajo las especies del pan y el vino, asumidas por Ti en este sacramento.

¡Quédate! Que tu presencia en este templo sea incesantemente reconfirmada, y que todos aquellos que entren en ella puedan ser conscientes de que es tu casa, “la morada de Dios... con los hombres”, y que visitando esta basílica, puedan encontrar en ella la verdadera fuente de la vida y santidad que mana de tu corazón eucarístico.

[L’Osservatore Romano, 12-14-81, 10-11]

 

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