Por la reverencia ante la vida

¡Oh Dios, qué precioso es tu amor!
Porque en Ti está la fuente de la vida,
Y Tu luz nos hace ver la luz.

Sal 36, 8.10

Jesús proclama que la vida encuentra su centro, su sentido y su cumplimiento cuando es entregada... Nosotros también estamos llamados a entregar nuestras vidas por nuestros hermanos y hermanas, para así comprender en la plenitud de la verdad el sentido y el destino de nuestra existencia.

Nosotros seremos capaces de hacer esto porque Tú, Señor, nos has dado el ejemplo y el poder de Tu Espíritu. Seremos capaces de hacerlo si todos los días, contigo y como Tú, somos obedientes al Padre y cumplimos su voluntad.

Concédenos, por ello, que podamos escuchar con un corazón abierto y generoso todas las palabras que provengan de la boca de Dios. Así, aprenderemos no solo a obedecer el mandamiento de no matar, sino a venerar la vida, amarla y guardarla.

[Evangelium Vitae, n. 51]

 

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