Por todos los sufrimientos

Pero él me dijo: "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza". Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas, para que habite en mí la fuerza de Cristo. Por eso me complazco en mis flaquezas, en las injurias, en las necesidades, en las persecuciones y las angustias sufridas por Cristo; pues, cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte.

2 Corintios 12, 9-10
 


El enfermo, el anciano, el discapacitado y aquellos que van a morir nos enseñan que la debilidad es una dimensión creativa de la vida humana, y que el sufrimiento puede ser abrazado sin la pérdida de la dignidad. Sin la presencia de estas personas en medio de vosotros, estaríais tentados a pensar en la salud, la fuerza y el poder como los únicos valores importantes a ser seguidos en la vida. Pero la sabiduría de Cristo y el poder de Cristo serán vistos en la debilidad de aquellos que comparten sus sufrimientos.

Tengamos al enfermo y al discapacitado en el centro de nuestras vidas. Atesorémoslos y reconozcamos con gratitud la deuda que tenemos para con ellos. Empezamos imaginándonos que les damos algo; terminamos dándonos cuenta de que ellos nos han enriquecido.

Que Dios bendiga y consuele a todo el que sufre. Y que Jesucristo, Salvador del mundo y Sanador del enfermo, haga brillar su Luz a través de la debilidad humana como una antorcha para nosotros y para toda la humanidad. Amén.

[L’Osservatore Romano, 5-31-82, 3].

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