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Carta de Pepe Alonso para el mes de marzo

Miami, marzo del 2017

Familia:

Con Viri, mi esposa en el hospital, estos días he vuelto a reflexionar sobre las pruebas en la vida de nosotros, los cristianos, especialmente cuando atravesamos por la enfermedad.

Por supuesto que Jesús sana. Eso es totalmente cierto y los católicos creen que Jesús sana si esa es la voluntad del Padre Eterno para la persona.

Los católicos celebramos misas por los enfermos, oraciones comunitarias de sanación y celebran el "sacramento de la unción de los enfermos" orando por sanación física, sicológica y espiritual. El sacramento de la Unción viene del tiempo de los Apóstoles y está registrado en la Biblia. Puedes verlo en Santiago 5,14-15. Hay entre los católicos miles de reportes de sanación luego de haber orado en Lourdes o en otro sitio de peregrinación o después de participar en una misa de sanación o de recibir el sacramento de la Unción.

La clave de la comprensión del sufrimiento está en la Voluntad del Padre. La conversión y la fe, aunque sinceras no significan salud total y prosperidad financiera para siempre. Nadie podría negar que el Apóstol Pablo fue uno de los más grandes cristianos de todos los tiempos, sin embargo su vida no parece un lecho de rosas. Cuando el Apóstol Pablo entregó su vida a Jesús lo hizo auténticamente. Si bien Jesús le devolvió la vista después de la ceguera causada en el camino de Damasco unos pocos días después Pablo tuvo que pasar por bastantes momentos dolorosos. Él mismo lo dice: "Me alegro de poder sufrir por ustedes y completo en mi carne lo que le falta a los padecimientos de Cristo para bien de su cuerpo que es la Iglesia" (Colosenses 1, 24) Los católicos no pensamos que esto por lo que atravesó Pablo haya sido a causa de su falta de fe.

El ladrón de la Cruz fue seguramente salvado porque Jesús le aseguró que estaría con Él en el paraíso y no por eso el ladrón fue liberado de experimentar el sufrimiento de la cruz que estaba en ese momento padeciendo, aún cuando había entregado ya su vida a Cristo, seguía colgado de la cruz, que habrá sido para nada agradable ni fácil por más que le quedaran unas pocas horas más para seguir sufriendo, y hasta luego le quebraron de un golpe las piernas Ay!!! (Juan 19,32). Según la lógica de los que creen en el "Evangelio de la Prosperidad" Jesús debiera haberlo liberado de la cruz, pero no es eso lo que pasó.

"Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Jesús acepta y adora porque esto que parece una queja no es otra cosa sino el primer verso del salmo 22 que termina con una maravilloso acto de confianza en la fidelidad de Dios, alabanza y adoración al Padre. Jesús es quien nos enseña a adorar desde el sufrimiento como expresión más alta de entrega y adoración.

Los católicos no están como algunos imaginan glorificando el sufrimiento o buscándolo. A los católicos el sufrimiento les gusta tan poco como a los evangélicos y a los no cristianos. A nadie le gusta sufrir, no somos masoquistas. Sin embargo no podemos negarnos al sufrimiento si se presenta, Cristo no se negó y, es más nos avisó que sufriríamos:

"En el mundo tendrán que sufrir, pero tengan valor yo he vencido al mundo" (Jn.16,33)

El sufrimiento para el catolicismo no es signo de debilidad, ni de falta de fe. Seguimos el pensamiento de Pablo: el sufrimiento aceptado es un medio de crecimiento y para glorificación de Dios: "...sabemos que la tribulación produce la constancia, la constancia la virtud probada, la virtud probada la esperanza y la esperanza no quedará defraudada porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado" (Rom 5,1) Para el catolicismo el sufrimiento es una forma de seguir al Maestro caminando por todos los pasos de su vida, incluso por la Cruz.

"El que quiera venir detrás de mí que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga" Lc.9,23

Para el catolicismo la Cruz, el sufrimiento, no son sinónimos de castigo. Algunos, como en el mundo antiguo, tienden a pensar que si un sufrimiento ocurre es un castigo de Dios. Pero aún en el Antiguo Testamento Dios nos muestra que no es así. Este es el mensaje de Job, un servidor justo, fiel, sin pecados graves que tiene que pasar por la prueba y "El Señor bendijo los últimos años de Job mucho más que los primeros" (Job 42,12). Ya había sido profetizado por Jeremías siglos antes. Cristo, el inocente por excelencia en obediencia se humilla hasta aceptar la muerte de Cruz (Filipenses 2,7-8). A la luz de estos ejemplos, el sufrimiento no puede entenderse como castigo sino como MISTERIO. Es un misterio maravilloso, parte del plan amoroso de Dios para el que muchas veces no encontramos respuesta. Nosotros tendemos a buscar explicación para todo, pero en este punto en particular del sufrimiento, muchas veces las explicaciones no alcanzan y está bien que así sea para mantenernos en nuestro humilde rol de "creaturas".

Si estás atravesando un momento en que no hay otra respuesta que "Misterio" confía en el amor infinito de tu Padre Eterno porque después de la Cruz, llega la resurrección. No habría habido Domingo de Pascua sin antes haber Viernes Santo.

Abandónate como un niño pequeño que espera tranquilo porque sabe que mamá y papá lo solucionan todo. Deja que en tu vida Dios sea Dios y podrás mañana gloriarte en las maravillas de su amor.

Por último, en el entendimiento católico hay otra dimensión del sufrimiento: Si alguien acepta y ofrece sus sufrimientos a Dios, estos sufrimientos pueden beneficiar con gracias a otros, incluso a los que no conocen a Cristo. Esto es lo que se llama el "sufrimiento redentor" o "acción redentora del sufrimiento". No buscamos sufrir pero si viene un sufrimiento que continúa luego de pedir persistentemente en oración ser liberados de él estamos invitados a no desperdiciar la oportunidad de aceptarlo y ofrecerlo para bien de todos. Esto es lo que habrás escuchado de algún católico cuando dicen "me ofrezco" o "lo ofrezco". En el catolicismo se ofrecen a Dios alabanzas, acciones de gracias, obras de misericordia pero se ofrece también la propia vida incluyendo sus sufrimientos para darle gloria y para derramar gracias sobre el mundo Esto también tiene su fundamento Bíblico en Pablo: "...Si sufrimos es para consuelo y salvación de ustedes, si somos consolados también es para consuelo de ustedes, y esto les permite soportar con constancia los mismos sufrimientos que nosotros padecemos" (2 Corintios 1, 16) Atravesar por el sufrimiento no es signo de debilidad, todo lo contrario. De hecho requiere mucha fe enfrentar al dolor con dignidad.

Viri y yo les agradecemos de todo corazón todas las oraciones y buenas intenciones. Esa palanca nos mantienen firmes, caminando sobre las aguas, con los ojos fijos en el Señor. Nunca dudamos de que "en Cristo somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. "

Pepe Alonso