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Carta de Pepe Alonso para el mes de mayo

Miami, mayo del 2017

Querida familia en la fe. La Cuaresma pasada debió haber sido para nosotros un tiempo de preparación para la celebración de la mayor confesión de fe y fiesta cristiana: la Pascua de la Resurrección de Jesucristo.

Pero estos 50 días pascuales en que nos encontramos son a su vez días de gracia y oportunidad para llevar a nuestras vidas cotidianas la victoria de Cristo sobre la muerte.

La Resurrección tiene, desde el origen de esta confesión de fe sobre Jesucristo, por parte de los cristianos, dos significados fundamentales: vida nueva y vida abundante.

Después de resucitado Jesús, los primeros discípulos experimentaron una transformación de sus vidas por la que eran los mismos, pero eran otros. Son muchos los textos de los evangelios y de todo el Nuevo Testamento que muestran cómo transformación/vida nueva fue la experiencia que permitió y llevó a los primeros cristianos a confesar al Crucificado como el Viviente de todos los tiempos.

Así, por ejemplo, ya no tenían miedos sino que salieron a predicar por el mundo valientemente el evangelio; ahora ya no se sentían como siervos sino hijos; experimentaron una renovación de su mente, de su manera de ver a Dios como Padre y a los otros como hermanos; ya no se sentían hombres viejos (apegados a todas las categorías legales/cultuales del Antiguo Testamento) sino hombres NUEVOS.

Dicha transformación y vida nueva lleva implícita una vida plena, una vida feliz, una vida eterna. Y así lo ponen en labios del mismo Jesús como síntesis de la misión de su proyecto de vida: “He venido para que tengan vida y que la tengan en abundancia” (Juan 10,10).

Estos dos aspectos fundamentales, en la principal confesión de fe del Credo cristiano, contienen un enorme y esperanzador programa de vida para todo hombre y mujer de buena voluntad y para la sociedad y el mundo nuevo que estamos empeñados en construir.

Tu bautismo es tu Pascua. El signo bautismal te recuerda que ha desaparecido el pecado y has nacido a una VIDA nueva.

Con exactitud afirma San Pablo: "Así, pues, hay una muerte y es un morir al pecado de una vez para siempre. Y hay un vivir que es vivir para Dios. Así también ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús". (Romanos 6, 10-11)

Sin embargo, reconoce que vivir para Dios no es fácil porque "No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto". (Romanos 7, 15)

San Agustín lo dirá, quizá más técnicamente: No es liberado todo lo que hay en el hombre, el cuerpo queda sometido a la caducidad de las concupiscencias. Simbolizadas en esas tres: Ambición-poder, hedonismo y riqueza adquirida por medios corruptos.

Así, todos hemos de hacer la tarea diaria de ser cada día mejores seres humanos (metanoia, conversión, lo llama la teología cristiana), la tarea de transformarnos en mejores cristianos, cumpliendo cada uno de la mejor manera con el estilo de vida en el que se desempeña. Necesitamos con urgencia padres y madres de familia que hagan de la mejor manera su tarea, lo mismo que estudiantes, deportistas, artistas, médicos, profesionales de todas las áreas del saber, políticos, legisladores, empresarios, militares, líderes de todas las vertientes sociales, etc. Porque mejores seres humanos darán y construirán, como resultado, estructuras sociales más en consonancia con nuestros mejores sueños y anhelos.

Cualquier diagnóstico que hoy se haga —por somero que sea— a nuestras estructuras sociales, culturales, económicas, políticas, etc., dará como resultado la necesidad de un cambio interior en el corazón de cada ser humano, de sus principios, de sus valores, de sus prioridades, de sus perspectivas y de la manera de ver a los otros y al mundo. Del mismo modo, es una constante en los estudios sociales la necesidad de construir sociedades más equitativas, más justas, más solidarias, más pacíficas, más fraternas.

Es aquí donde adquiere todo su valor el mensaje central que nos transmite a todos los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los pueblos de la tierra la celebración de la Pascua cristiana por la confesión de fe en el Crucificado-Resucitado. Así, la Pascua cristiana, entonces, es la celebración y “paso” (eso significa la palabra hebrea pascua) de vidas menos plenas a vidas más felices, de la rutina de vidas ancladas en el pasado a vidas y estructuras sociales transformadas, renovadas, llenas y promotoras de vida abundante.

Ya que la Pascua es el paso del Señor resucitado por nuestras vidas, esto quiere decir que el proceso de transformación empezado debe tener continuidad en el tiempo pascual y siempre; por tal razón así como tuvimos propósitos para vivir en los días previos a la semana santa, les propongo ahora algunos propósitos para hacerlos vida hasta el día de Pentecostés. El objetivo es ayudarte a resucitar con Jesucristo. Muchos se preguntan por el premio. ¿Y cuál es el premio? Ser una persona nueva al final de la Pascua, haber corregido algunos defectos y tener cultivadas unas nuevas cualidades será tu premio.

1.- Sintamos hambre de Dios, de su palabra, de una vida de oración diaria y sacramental, y nos sumergiremos en el misterio de Cristo redentor que nos reviste de su vida, gracia y salvación..

2.- Nuestra vocación es ser fieles, ser santos. Y la fidelidad y santidad consisten en transformarse, día a día, siguiendo los pasos de Jesús, sintiéndonos muertos con él para ser con él resucitados.

3.- Pensemos como hijo de Dios y obraremos conforme a los pensamientos de Cristo. Miremos a lo alto para ir más allá de las apariencias engañosas. Si vivimos según pensamos, triunfaremos; si no lo hacemos, acabaremos pensando según vivimos en nuestra indignidad..

4.- Pero la muerte de nuestro hombre viejo, pecador, y la resurrección del mismo en novedad de vida, no se entienden como bullicio externo, vana gloria, exhibición de dones, cambio de imagen, cantos de autocomplacencia,  sino mucho más profundamente, como apropiación vital y comprometida de los sentimientos de Cristo. Sentimientos que anidan, se curten y se expresan en una la conciencia responsable, en un propósito de hacer felices a los demás con entrañas de misericordia.

Que la celebración de la Pascua cristiana sea la celebración de mejores hombres y mujeres  que instauran espacios sociales llenos de VIDA.

Quiero, en nombre de Viri y mío, dar infinitas gracias a todos y cada uno de ustedes  por todas sus oraciones por ella. Hemos pasado un tiempo difícil, pero siempre sin soltarnos de la mano de Dios. Hubo momentos en que, si el Señor no nos hubiera fortalecido, hubiéramos flaqueado, pero Él es fiel, y como dijo San Pablo  : «Te basta mi gracia; mi mayor fuerza se manifiesta en la debilidad».

Gracias por seguir apoyando esta Misión, EWTN, lo que nos permite continuar llevando el Esplendor de la Verdad hasta los últimos confines de la tierra. En Cristo Resucitado.
Pepe Alonso