JUAN PABLO II EN SIRIA, PARTICIPA EN UN ENCUENTRO ECUMENICO

CIUDAD DEL VATICANO, 5 MAY 2001 (VIS).-Después de una multitudinaria ceremonia de bienvenida esta tarde en el aeropuerto internacional de Damasco, Juan Pablo II, el primer pontífice que haya visitado Siria, se desplazó a la nunciatura apostólica de la capital. Poco después efectuó una visita de cortesía al presidente de la República Arabe de Siria, Bashar Al-Asaad, que tomó el mando de la nación poco después de la muerte de su padre, Hafez Al-Asaad, el 10 de junio de 2000. Tras la visita de casi una hora de duración, el Santo Padre se trasladó a la catedral greco-ortodoxa de Damasco donde a las 19,00 presidió un encuentro ecuménico y una Liturgia de la Palabra. Edificada originariamente en el segundo siglo y conocida como "Al-Mriamiyah" (la Unica María, en árabe), la catedral actual está dedicada a la Dormición de la Virgen María. En el curso de los siglos ha sido víctima de saqueos, incendios y hasta terremotos. Tiene capacidad para 600 personas. En el encuentro de esta tarde acompañaron al Papa los patriarcas católicos y obispos de Siria, los cardenales y obispos del séquito papal, el patriarca greco-ortodoxo de Antioquía y de todo el Oriente, Ignace I Hazim; el patriarca siro-ortodoxo de Antioquía y de todo el Oriente, Ignatius Zakka I Iwas; y representantes de otras Iglesias y de comunidades eclesiales no católicas en Siria. El Papa se dirigió a la asamblea en francés y recordó que en los primeros siglos "la Iglesia de Siria no tardó en manifestar un extraordinario florecimiento de vida cristiana. No sin motivo el Concilio de Nicea reconoció el primado de Antioquía sobre las Iglesias metropolitanas de la región. (...) (Dios sea alabado por el testimonio y la irradiación del antiguo Patriarcado de Antioquía!". "Desafortunadamente -prosiguió- en el curso de los siglos, el ilustre Patriarcado de Antioquía perdió su unidad; es deseable que los diversos patriarcados existentes en la actualidad vuelvan a encontrar los caminos más adecuados para conducirlos a la comunión plena". El Papa se refirió a continuación al "proceso de acercamiento ecuménico entre el Patriarcado greco-ortodoxo y el Patriarcado greco-católico de Antioquía", y afirmó: "Doy gracias de todo corazón al Señor". Invitando a todos los implicados a proseguir este proceso Juan Pablo II reafirmó su deseo de que "la Comisión Mixta Internacional para el Diálogo Teológico entre la Iglesia Católica y las Iglesias Ortodoxas pueda proseguir su actividad de la forma más apropiada. Cuanto más se afronten cuestiones centrales en este diálogo, será más trabajoso. No hay que maravillarse, y mucho menos cansarse". Juan Pablo II subrayó también "cuanto se ha profundizado en las relaciones fraternas entre el Patriarcado Sirio-Ortodoxo y el Patriarcado Sirio-Católico" dando las gracias de nuevo a todos los implicados en alcanzar el diálogo ecuménico. "En el curso del tiempo -agregó- y especialmente al principio del siglo XX, las comunidades armenias, caldeas y asirias, obligadas por la violencia y la persecución a abandonar sus ciudades y pueblos de origen, llegaron a los barrios cristianos de Damasco, Aleppo, Homs y otras localidades de la región. En Siria encontraron un refugio, un lugar de paz y seguridad. Doy gracias a Dios por la hospitalidad que la población siria les ofreció". "Hace pocas semanas -dijo el Santo Padre- tuvimos la gran alegría de celebrar juntos la fiesta de Pascua. He vivido esta feliz coincidencia del año 2001 como una invitación acuciante de la Providencia, dirigida a todas las Iglesias y Comunidades eclesiales, para que vuelvan a celebrar sin retraso en común la fiesta pascual, fiesta entre todas las fiestas, misterio central de nuestra fe. (...) Este proceso se presenta, sin embargo, más trabajoso del previsto. )Es necesario quizá prever etapas intermedias o diferenciadas para preparar las mentes y los corazones a la aplicación de un acuerdo aceptable para todos los cristianos de Oriente y de Occidente?". "Dentro de poco celebraremos juntos la fiesta de Pentecostés -concluyó el Papa-. Imploremos al Espíritu para que nos haga crecer en la santidad, ya que no hay unidad duradera que no esté edificada sobre la humildad, sobre la conversión, sobre el perdón y por lo tanto sobre el sacrificio".

 

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