PAPA PRESIDIÓ MULTITUDINARIA MISA EN DAMASCO

Roma, 7 (NE - eclesiales.org) Ante una gran multitud que agitaba banderas del Vaticano y Siria, el Papa Juan Pablo II presidió el día de ayer una Misa en estadio "Abbassyine" de Damasco, en el tercer día de su peregrinación apostólica que lo ha llevado ya a Grecia y Siria. Alrededor de 50 mil personas se congregaron para participar de la Eucaristía, que se celebró en rito romano y durante la cual el Papa recordó la conversión del Apóstol San Pablo. "El encuentro con Cristo", señaló, "ha transformado radicalmente la existencia del Apóstol, ya que lo ha golpeado en lo íntimo de su ser y lo ha abierto plenamente a la verdad divina. Pablo ha aceptado libremente reconocer esta verdad y empeñar su propia vida en el seguimiento de Cristo".

Asimismo, el Pontífice recordó a la gran multitud presente que
"el Evangelio es un potente factor de transformación del mundo."
"¡Que con vuestro testimonio de vida -pidió a los fieles sirios-
los hombres de hoy puedan descubrir la respuesta a sus
aspiraciones más profundas y a los fundamentos de la convivencia en el seno de la sociedad". "No tengáis pues miedo de también testimoniar con la palabra y con toda vuestra vida entre vuestros hermanos y vuestras hermanas este alegre anuncio: ¡Dios quiere invitar a todos los hombres a formar una sola familia en la caridad, ya que son todos hermanos!", subrayó el Papa durante su homilía.

"Al alba del nuevo milenio, Cristo nos llama a ir hacia los
otros en la caridad que hace nuestra unidad. ¡Estad orgullosos
de las grandes tradiciones litúrgicas y espirituales de vuestras
Iglesias de Oriente! Ellas pertenecen al patrimonio de la única
Iglesia de Cristo y constituyen los puentes entre los muchas
sensibilidades", dijo. "Vuestra pertenencia a la Iglesia tiene
que ser para vosotros y para todos vuestros hermanos y hermanas una señal de esperanza que recuerde que Dios alcanza a cada uno en su camino, a menudo de modo misterioso e inesperado, como alcanzó a Pablo en el camino de Damasco, envolviéndolo en su fúlgida luz".

Al final de la Eucaristía, el Papa almorzó en el Patriarcado
greco-católico con los patriarcas y obispos sirios. Por la tarde, el Pontífice visitó la Gran Mezquita de Damasco, donde según una tradición se encuentra la cabeza de San Juan Bautista.

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