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CARTA APOSTÓLICA
IUVENUM PATRIS
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
EN EL CENTENARIO DE LA MUERTE
DE SAN JUAN BOSCO

A don Egidio Viganò,
rector mayor de la Sociedad de san Francisco de Sales,
en el centenario de la muerte de san Juan Bosco.

 

 

Al dilecto hijo Egidio Viganò, rector mayor de la Sociedad Salesiana.

Muy querido hijo, salud y bendición apostólica:

1. La querida Sociedad Salesiana se dispone a recordar con oportunas iniciativas el primer centenario de la muerte de San Juan Bosco, padre y maestro de los jóvenes. Quiero aprovechar tal ocasión para reflexionar una vez más sobre el problema de los jóvenes, considerando las responsabilidades que tiene la Iglesia en su preparación de cara al mañana.

Pues la Iglesia ama incesantemente a los jóvenes: siempre, y sobre todo en este período cercano al año dos mil, se siente interpelada por su Señor a mirarlos con especial amor y esperanza, viendo su educación como una de sus primeras responsabilidades pastorales.

El Concilio Vaticano II afirmó con clara visión que "el género humano se halla hoy en un período nuevo de su historia" [1], y reconoció que han surgido iniciativas "para promover más y más la obra de la educación" [2]. En una época de transición cultural, la Iglesia advierte preocupada, en el sector de la educación, la necesidad urgente de superar el drama de la profunda ruptura entre el Evangelio y una cultura [3] que subestima y margina el mensaje salvífico de Cristo.

En la alocución pronunciada ante los miembros de la UNESCO tuve la oportunidad de afirmar: "No hay duda de que el hecho cultural primero y fundamental es el hombre espiritualmente maduro, es decir, el hombre plenamente educado, el hombre capaz de educarse a sí mismo y de educar a los otros" [4]; y subrayé cierta tendencia a "un desplazamiento unilateral hacia la instrucción", con las consiguientes manipulaciones que pueden llevar a "una verdadera alienación de la educación" [5]. Recordé, pues, que "la tarea primaria y esencial de la cultura en general, e incluso de cada cultura en particular, es la educación. Ésta consiste en lograr que el hombre sea cada vez más hombre, que pueda 'ser' más, y no sólo que pueda 'tener' más; que, consiguientemente, por medio de cuanto 'tiene' y 'posee', sepa 'ser' cada vez más hombre" [6].

En mis numerosas citas con los jóvenes de los diversos continentes, en los mensajes que les he dirigido y particularmente en la Carta que en 1985 escribí "a los jóvenes y a las jóvenes del mundo", he manifestado mi profunda convicción de que la Iglesia camina y debe caminar con ellos [7].

Deseo aquí insistir en las mismas ideas, con motivo de las celebraciones centenarias del nacimiento para el cielo de un gran hijo de la Iglesia: el Santo educador Juan Bosco, al que mi predecesor Pío XI no vaciló en definir "educator princeps" [8].

Tan fausto aniversario me da la oportunidad de un grato coloquio no sólo con usted, con sus hermanos en religión y con todos los miembros de la familia salesiana, sino también con los jóvenes —destinatarios de la educación—, con los educadores cristianos y con los padres de familia, llamados a ejercer tan noble ministerio humano y eclesial.

Me es igualmente grato destacar que esta "memoria" del Santo tiene lugar en el "Año Mariano" que orienta nuestra reflexión hacia "la que creyó": en el sí generoso de su fe descubrimos el manantial fecundo de su labor educadora [9], primeramente como Madre de Jesús, y después como Madre de la Iglesia y Auxiliadora de todos los cristianos.

 

 

 

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Conclusión      Notas      

Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va