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CARTA APOSTÓLICA
VICESIMUS QUINTUS ANNUS
DEL SUMO PONTÍFICE
JUAN PABLO II
EN EL XXV ANIVERSARIO
DE LA CONSTITUCIÓN SOBRE LA SAGRADA LITURGIA

 

A todos los Hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
Salud y Bendición Apostólica.

1. HAN PASADO VEINTICINCO AÑOS desde que, el 4 de diciembre del año 1963, el Sumo Pontífice Pablo VI promulgó la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia, que los Padres del Concilio Vaticano II, reunidos en el Espíritu Santo, poco antes habían aprobado [1]. Fue aquel un acontecimiento memorable por diversas razones. En efecto, era el primer fruto del Concilio, querido por Juan XXIII, para que la Iglesia se pusiera al día; había sido preparado por un amplio movimiento litúrgico y pastoral, y era portador de esperanza para la vida y la renovación eclesial.

Llevando a cabo la reforma de la Liturgia, el Concilio realizó de modo muy concreto la finalidad fundamental que se había propuesto: «Acrecentar de día en día entre los fieles la vida cristiana, adaptar mejor a las necesidades de nuestro tiempo las instituciones que están sujetas a cambio, promover todo aquello que pueda contribuir a la unión de cuantos creen en Jesucristo y fortalecer lo que sirve para invitar a todos los hombres al seno de la Iglesia» [2].

2. Desde el inicio de mi servicio pastoral en la cátedra de Pedro, me preocupé en «insistir sobre la importancia permanente del Concilio Vaticano II» y tomé «el empeño formal de dar al mismo la correspondiente aplicación». Y añadí que convenía «hacer madurar, con el estilo propio de lo que se mueve y vive, las fecundas semillas que los Padres del Concilio Ecuménico, alimentados con la Palabra de Dios, sembraron en tierra buena (cf. Mt 13, 8.23), es decir, los importantes documentos y las deliberaciones pastorales». [3] En más de una ocasión he desarrollado posteriormente, sobre diversos puntos, las enseñanzas del Concilio respecto a la Liturgia [4] y he llamado la atención sobre la importancia que la Constitución Sacrosanctum Concilium tiene para la vida del pueblo de Dios; en ella «es ya posible hallar la sustancia de aquella doctrina eclesiológica que será posteriormente propuesta por la asamblea conciliar. La Constitución Sacrosanctum Concilium, que fue el primer documento conciliar, cronológicamente hablando, anticipa [5] la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium y se enriquece, a su vez, con la enseñanza de esta Constitución.

Después de un cuarto de siglo, durante el cual la Iglesia y la sociedad han conocido cambios profundos y rápidos, es oportuno poner de relieve la importancia de esta Constitución conciliar, su actualidad en relación con los problemas nuevos y la permanente validez de sus principios.

 

 

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Cap. 4      Cap. 5      Conclusión      Notas      

Tomado del sitio de web del vaticano: www.vatican.va