Saludo Final del Santo Padre en la Santa Misa en el área de la feria de Ciudad Juárez
Miércoles 17 de febrero de 2016
Papa Francisco

Señor obispo de Ciudad Juárez, José Guadalupe Torres Campos,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Autoridades,
Señoras y Señores,
Amigos todos:<
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Muchas gracias, Señor Obispo, por sus sentidas palabras de despedida, es el momento de dar gracias a Nuestro Señor por haberme permitido esta visita a México.

No quisiera irme sin agradecer el esfuerzo de quienes han hecho posible esta peregrinación. Agradezco a todas las autoridades federales y locales, el interés y la solícita ayuda con la que han contribuido al buen desarrollo de este propósito. A su vez, quisiera agradecer de corazón a todos los que han colaborado de distintos modos en esta visita pastoral. A tantos servidores anónimos que desde el silencio han dado lo mejor de sí para que estos días fueran una fiesta de familia, gracias. Me he sentido acogido, recibido por el cariño, la fiesta, la esperanza de esta gran familia mexicana, gracias por abrirme las puertas de sus vidas, de su Nación.

El escritor mexicano Octavio Paz dice en su poema Hermandad:
«Soy hombre: duro poco y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben.
Sin entender comprendo: también soy escritura
y en este mismo instante alguien me deletrea».
.

Tomando estas bellas palabras, me atrevo a sugerir que aquello que nos deletrea y nos marca el camino es la presencia misteriosa pero real de Dios en la carne concreta de todas las personas, especialmente de las más pobres y necesitadas de México. La noche nos puede parecer enorme y muy oscura, pero en estos días he podido constatar que en este pueblo existen muchas luces que anuncian esperanza; he podido ver en muchos de sus testimonios, en muchos de sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra guiándolos y sosteniendo la esperanza; muchos hombres y mujeres, con su esfuerzo de cada día, hacen posible que esta sociedad mexicana no se quede a oscuras. Son profetas del mañana, son signo de un nuevo amanecer.

Que María, la Madre de Guadalupe, siga visitándolos, siga caminando por estas tierras, ayudándolos a ser misioneros y testigos de misericordia y reconciliación.

Nuevamente, muchas gracias.

___________________

1 Un sol más vivo. Antología poética, México 2014, p. 268.

 

[Texto original: Español ]

[Tomado de la Oficina de Prensa del Vaticano]

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