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Carta de Pepe Alonso para el mes de Enero

Miami, enero del 2015

Querida familia en Cristo Jesús.

El año litúrgico en nuestra Iglesia ya ha comenzado con el tiempo de adviento, es ahora cuando los calendarios del mundo están marcando el inicio de un nuevo año, el 2015.

¿Cuántas cosas han pasado en tu vida durante el año que recién se fue? Tal vez en algún momento mientras celebrabas su marcha y la llegada del recién estrenado te habrán venido a la memoria muchos acontecimientos vividos ¿No…? Alegrías, encuentros, desencuentros, amor y tal vez algunos momentos difíciles. Si en este instante te viene un sentimiento incómodo al pensar en alguno de esos momentos, ya sea porque viviste  algo malo o porque dañaste a alguien en tu caminar, tienes que saber que todo eso ya es parte del pasado.

Empezar un nuevo año, como si fuera cualquier cosa, es una enorme torpeza. Un año de vida es un regalo demasiado grande para echarlo a perder.

El inicio de un nuevo año es el momento para reunir las fuerzas y toda la ilusión para comenzar el mejor año de la vida, porque el que se proponga convertir éste en su mejor año, lo puede lograr.

Tenemos otra oportunidad que no debemos desperdiciar, porque la vida es demasiado breve.

Muchos cristianos hacen propósitos de Año Nuevo tales como cambiar malos hábitos, o quizá orar más, leer la Biblia cada día o asistir a la iglesia con más regularidad. Estos son objetivos fantástico. Sin embargo, estas resoluciones de Año Nuevo son a menudo solamente buenos deseos que no irán muy lejos ya que su motivación es mas emocional que un verdadero deseo de pedir al Señor que sea su Voluntad la que se realiza en nuestra vida. San Pablo nos dice que: Pues Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el actuar para agradarle. Filipenses 2, 13

Ahora viene la gran pregunta: ¿Y como puedo saber que es lo que Dios quiere? ¿tengo que oír una voz que me hable desde el cielo? ¿me enviará un arcángel???? Por supuesto que nada de esto sucederá, la formula es bien simple ¡hay que pasar tiempo a diario con Dios!.

Si no lo tenemos, hagamos el propósito de establecer  un tiempo diario de oración y lectura de la Biblia. No existe otra cosa más importante para nuestra comunicación con Dios y para nuestro crecimiento espiritual. La oración es la respiración del alma y el diálogo con Dios donde nos habla y nos escucha. La lectura bíblica es el pan que alimenta nuestra alma, y Para mis pasos tu palabra es una lampara, una luz en mi sendero. (Salmo 118, 105). Dios nos hará conocer su voluntad.

Si no estamos pasando tiempo a diario con Dios, es imposible escuchar a Dios, y el el fuego de nuestra fe empezará a enfriarse, y se podría apagar.

Aún esto sería insuficiente si no me nutro de la fuerza que viene de lo Alto. Necesitamos tener una vida sacramental sólida y estable. Los sacramentos son «como "fuerzas que brotan" del Cuerpo de Cristo siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia». En este sentido cada uno de nosotros es, usando la comparación del Señor Jesús, como un sarmiento de la vid, que es Él. Separado de la vid, el sarmiento se priva de la savia vivificante que impulsa su crecimiento y despliegue, y con el tiempo se seca, se marchita, y será hachada al fuego.

Acabemos "convenciéndonos" de que la santidad, si bien es un ideal muy bonito, para nosotros es imposible alcanzarlo. ¡Cuántas veces, al apartarnos del Señor, nos hemos experimentado así: secándonos y marchitándonos interiormente, vacíos, tristes y solos!

De estas experiencias de debilidad y fragilidad debemos aprender a ser humildes y a confiar más en Él que en nuestras propias fuerzas. También a nosotros el Señor nos dice como a San Pablo: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza» 2 Corintios 12, 9. Quien permanece en Cristo se nutre de esa gracia y así se hace fuerte.  Desde ese don y desde la propia cooperación libre con la gracia, que es indispensable, cada uno se despliega y a pesar de su fragilidad y pequeñez da fruto abundante de conversión, de santidad y de apostolado. Junto con ello experimenta una alegría desbordante en su corazón.

Enfrentamos la presión constante de quienes nos quieren alejar del Señor, consciente o inconscientemente. Nuestro enemigo el Diablo hará hasta lo imposible para alejarnos de la sintonía con Dios. Recuerda que: Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar. 1 Pedro 5, 8 

El que no ora.... el león se lo devora.

San Pablo también nos enseña en  Filipenses 4:13 "todo lo puedo en Cristo que me fortalece."

Si vivir de acuerdo con la voluntad de Dios es el centro de su resolución de Año Nuevo, tiene posibilidades de éxito.

Nos dice la Palabra de Dios:  Toda persona que está en Cristo es una creación nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha llegado. 2 Corintios 5, 17

Para este renacer hay que estar en y con Jesucristo. El que está en Cristo es una criatura nueva. Son fechas estas para proponerse dejar el pasado y convertirse en un ser nuevo.

Nuestro amado Padre nos regala la oportunidad de empezar de nuevo. Mira todo lo ocurrido el año recién pasado con los ojos de un hijo de Dios, con los ojos de quien perdona el daño recibido y se siente perdonado por su Padre si en algún momento falló. Confía en Dios que te invita a dejar atrás lo malo y te llama a nacer de nuevo. Deja ya atrás esos rencores. ¡Son parte del ayer!

Pídele en cambio, al Espíritu Santo, que te dé la gracia de vivir el hoy, de ser un hombre nuevo o una mujer nueva. Renacidos en el Espíritu no nos quedaremos en la decadencia espiritual del ayer. Sólo así viviremos verdaderamente la vida que Dios quiere para nosotros. Ya le decía Jesús a Nicodemo:  «En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo desde arriba.» Nicodemo le dijo: «¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al seno de su madre?» Jesús le contestó: “En verdad te digo: El que no renace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba.” Juan 3, 3 al 7

¿Ves? Tu puedes ser una persona nueva en este año nuevo, sólo deja que el Espíritu sople en tu corazón, te limpie, sane tus heridas, te restaure y te renueve.

.....pero permanezcan en mí como yo en ustedes. Una rama no puede producir fruto por sí misma si no permanece unida a la vid; tampoco ustedes pueden producir fruto si no permanecen en mí. .....pero sin mí, no pueden hacer nada. Juan 15, 4 y 5

Seremos una criatura nueva, si estamos unidos y perseverando  en  Cristo, como el sarmiento, unido, da mucho fruto, si no se seca, y va al fuego. Asiéndonos a El, permaneciendo en Cristo, seremos seres verdaderos, porque “sin mí no pueden hacer nada”.

El llamado ya está hecho, atrévete a decir NO a las ataduras del ayer, NO a todo lo malo que ya quedó atrás en el 2014 y ábrete a decirle SÍ a esta nueva oportunidad que Dios te da para vivir feliz, limpio de corazón y renovado en el 2015.

Conclusión. ¿Cómo será este año nuevo? Sólo Dios sabe lo que sucederá en el año 2015. Sin embargo, si nos proponemos caminar con El, podemos estar seguros de disfrutar de su presencia, Su protección y Su paz.

¡¡¡Sigue adelante hermano!!!, ¡¡¡A ser hombres y mujeres nuevo(a)s este año nuevo!!!

Al comenzar este 2015 te recuerdo que esta Misión, EWTN necesita de tu apoyo  espiritual y económico para continuar con la meta de llevar el Esplendor de la verdad hasta los últimos confines de la tierra. El Señor te pagara con creces.

En nombre de todos los hermanos y hermanas que servimos en esta Misión te deseamos una muy  Feliz Navidad y un  bendecido  Año Nuevo. Tu hermano.

Pepe Alonso