nuestra_resolve.jpg (11477 bytes)

Carta de Pepe Alonso para el mes de Junio

Miami, junio del 2016

Querida familia. Hace unos pocos días, junto con un equipo de EWTN, tuve el privilegio de viajar a Fátima, Portugal, para grabar, en el marco del centenario de las apariciones que ahí se produjeron, una serie de programas que pronos saldrán al aire.

Ha sido una experiencia reveladora, ya que he podido conocer de primera mano el mensaje que Dios nos ha enviado, no solo al mundo del siglo pasado sino que, con una actualidad apremiante al mundo de hoy tan convulso y alejado de Dios.

En 1917, Europa vivía uno de los momentos más oscuros de su historia, la Primera Guerra Mundial, al mismo tiempo que estallaba en Rusia la Revolución bolchevique. Pero, ese mismo año, la Madre de Dios, en Fátima llevaba a tres humildes niños el mensaje de la paz, la esperanza y del amor para toda la humanidad. Hoy, el mensaje de Fátima en esta sociedad relativista, utilitarista y hedonista en la que el hombre se cree autosuficiente, que ha desembocado en una situación sangrante económica y moralmente, es más actual que entonces; el hombre del siglo XXI ha de unirse a la experiencia de los pastorcitos, que pronto se dieron cuenta de que eran amados por Dios y de que el amor es la mayor fuerza que mueve el mundo. El mensaje de Fátima pues, es el conocimiento del Amor Trinitario y la filiación divina. Hoy, más que nunca, es necesaria la conversión permanente, la vivencia de las virtudes teologales.

"Me complace pensar en Fátima como escuela de fe, con la Virgen María como maestra; allí puso su cátedra para enseñar a los pequeños videntes, y después a las multitudes, las verdades eternas y el arte de orar, creer y amar." Estas palabras del Papa Emérito Benedicto XVI recogen la verdadera dimensión del mensaje de Fátima: experiencia de Dios. Una persona de fe siempre habla a través no solo de lo que escucha, sino a partir de lo que experimenta.

El mensaje de Fátima tiene dos grandes momentos, el dado por un ángel a Lucia, Francisco y Jacinto durante el año 1916 (hace cien años) y el de la Virgen, también durante las seis apariciones del 2017.

En estas breves líneas me gustaría compartir lo acontecido con las tres apariciones del ángel. La aparición de ángeles, como portadores de mensajes, a fin de ayudar a los hombres a comprender mejor la palabra y la voluntad de Dios, ha sido una constante en la historia de las religiones.

El ángel, precursor de la Virgen en las apariciones, preparó el alma de los pastorcitos para comprender mejor, vivir y difundir el mensaje de Fátima. En Fátima, en 1916, aproximadamente un año antes de las apariciones de la Madre de Dios, por tres veces un Ángel visitó a los tres pastorcitos. Precursor de la Virgen, anunciador de acontecimientos mayores, preparaba el alma de los videntes para comprender mejor, vivir y difundir el mensaje de la Virgen.

La primera aparición del Ángel tuvo lugar en la primavera del 1916 en una loma rocosa cercana a Aljustrel. Era un día lluvioso y los tres pastorcitos habían buscado refugio entre las rocas. Cuando el cielo se despejó, permanecieron en aquel lugar jugando, mas de repente una extraña luz aparece por el oriente y se acerca a ellos. Cuando estuvo muy cerca, se dieron cuenta de que tenía «la forma de un joven de unos 14 o 15 años, más blanco que la nieve y transparente como el cristal atravesado por los rayos del sol, y de gran belleza» (Lucía).

Se aproximó a ellos y les dijo: «iNo temáis! Soy el Ángel de la Paz. Rezad conmigo». Se arrodilló, inclinando el rostro hasta el suelo, y les hizo decir tres veces la siguiente oración: «Dios mío, yo creo y espero en Vos, Os adoro y Os amo. Os pido perdón por los que no creen, ni adoran, ni esperan, ni Os aman».

Después, levantándose, les dice: «Orad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas». Luego desapareció. La segunda aparición sucedió unos dos meses más tarde, en el verano de 1916, mientras los pastorcitos estaban jugando junto al pozo que se encuentra en la parte posterior de la casa de Lucía. Inesperadamente se les aparece el mismo Ángel que les dice:

«¿Qué hacéis? Rezad, rezad mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios». «¿Cómo debemos sacrificarnos?», pregunta Lucía.

«De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio al Señor, en reparación por los pecados con que es ofendido y como acto de súplica por la conversión de los pecadores». Estas palabras impresionaron profundamente a los tres pastorcitos. A partir de entonces recitaron repetidas veces la oración que el Ángel les enseñara en la primera aparición y comenzaron a ofrecer numerosos sacrificios a Dios.

La tercera aparición ocurrió en otoño de aquel mismo año, 1916. Los pastorcitos se encontraban un día en la Loca do Cabego, el lugar de la primera aparición. Mientras, postrados en tierra, recitaban la oración del Ángel, una luz les envuelve. Levantaron los ojos. El Angel estaba allí. Tenía en la mano izquierda un cáliz y sobre él una hostia de la que caían gotas de sangre. Dejando suspendidos en alto el cáliz y la hostia, el Ángel se postró en tierra junto a los pastorcitos y les invita a repetir por tres veces la siguiente oración:

«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Os adoro profundamente y Os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los Sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores».

Luego, levantándose, el Ángel tomó el cáliz y la hostia. A Lucía le dio la hostia y a Francisco y a Jacinta el contenido del cáliz, diciendo: «Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios».

Postrándose de nuevo, repitió con los pastorcitos otras tres veces la oración anterior: «Santísima Trinidad...». Después se marchó. Su misión estaba cumplida. Seis meses más tarde el cielo se abriría de nuevo para dar paso a Aquella que tenía un mensaje de amor y de salvación para la humanidad.

Antes de empezar a repasar las apariciones de Nuestra Madre la Virgen María a estos pequeños pastores, cosa que haré en el próximo mes, quiero resaltar las ideas más importantes que nos dejaron las apariciones del Ángel.

El Ángel enseña a orar a los pastores. Les enseña la necesidad de pedir por los pecadores y por la conversión de estos. Les enseña a adorar a Dios, a la Santísima trinidad, a la Eucaristía presente en todos los Sagrarios de la Tierra y como la devoción al Santísimo Corazón de Jesús y al Corazón Inmaculado de María les puede ayudar a conseguir la salvación de muchos pecadores, y más adelante, muchos más milagros.

Al mismo tiempo, que a los pastores, el Ángel también nos enseña a todos los católicos lo que tenemos que hacer para estar más cerca de Dios y de Nuestra Madre la Virgen María. Una entrega total a Dios, una gran devoción a los Sagrados Corazones y a la Santísima Trinidad, la oración diaria y la participación en la Sagrada Eucaristía nos ayudarán con creces a ello.

Pido al Espíritu Santo que nos ayude a "vivir" este mensaje. Mientras tanto les pido que nos mantengan en sus oraciones, y que con su ayuda económica nos permitan llevar el Esplendor de la Verdad hasta el último confín de la tierra.

Su hermano en Cristo Jesús y María.

Pepe Alonso