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Carta de Pepe Alonso para el mes de Febrero

Miami, febrero del 2016

Querida familia en la fe:

En esta ocasión me gustaría compartir con ustedes un breve comentario del mensaje que el Santo Padre nos ha dado para esta próxima cuaresma que ya tenemos a la puerta. Su título es: «'Misericordia quiero y no sacrificio' (Mt 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar»

Este mensaje se divide en tres apartados:

1) María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada;

2) La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia;

3) Las obras de la misericordia.

1.- El Santo Padre indica que “María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y familiares”.

2.- Francisco expone que “el misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel”.

“Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad”.

A su parecer, se trata de “un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel”.

“Como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”.

El Santo Padre explica que “el Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella”.

“Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental”, destaca.

En definitiva, “en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa”

3.- El mensaje de cuaresma del Papa tiene como motivo central las obras de misericordia, corporales y espirituales. Ellas, nos recuerda Francisco, nos permiten comprender que la fe se debe traducir en gestos concretos y cotidianos, en ayudar al prójimo.

Para ello, el Papa propone cuatro verbos en referencia al otro, especialmente al que sufre: "nutrirlo, visitarlo, consolarlo, educarlo”. Estos verbos son extraídos por Francisco desde el discurso escatológico de Mateo 25,35-40 en donde Jesús se identifica con los pobres. Ellos son los privilegiados de la misericordia divina, ya que en ellos podemos ver al Cristo que está "martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga”, nos dice Francisco en el mensaje. Ello iluminado por otros tres verbos "reconocer, tocar, asistir”.

Con la presencia de estos siete verbos, podemos llegar a sostener que la misericordia, lejos de ser una mera teoría o una teología, que debe convertirse en una acción cotidiana, en una virtud de todos los cristianos y de aquellos no creyentes que actúan movidos por la buena voluntad.

Las obras de la misericordia nos permiten acercarnos corporalmente al que sufre, al que es dañado por las "formas actuales del delirio de omnipotencia” en palabras del Papa. Francisco denuncia abiertamente las formas sociales y políticas de los totalitarismos del siglo XX, la ideología del pensamiento único y de la tecnociencia que buscan hacer de Dios alguien irrelevante, lo que provocaría que el hombre quede reducido a una "masa que se usa”. Existe, por tanto, la conciencia de que las estructuras son afectadas por el llamado pecado social, en donde se nos impide reconocer al que sufre y en donde la única ley es valorar lo propio, no lo ajeno menos lo distinto.

Para concluir: Una Cuaresma que es Jubilar.

El Papa Francisco en dos ocasiones sostiene que la Cuaresma es "tiempo de gracia para vencer la alienación existencial” y que es "tiempo favorable para la conversión”. Ambos conceptos del "tiempo” están en directa consonancia con la experiencia del Jubileo, del Año Santo, del tiempo de gracia, del kairós-tiempo oportuno. Esta Cuaresma que es Jubilar ha de estar fundada en la escucha de la Palabra de Dios y en la vivencia de las obras de la misericordia. Obras son amores, y no buenas razones.

Al reconocernos necesitados de la gracia, al confesar nuestra pequeñez y nuestro ser servidores, estaremos experimentado la alegría de la conversión y la conversión a la alegría escatológica, a esa alegría que nos prepara la Cuaresma de manera de llegar renovados a la celebración de los Misterios Pascuales.

Recordemos que la Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna.

De manera semejante como el antiguo pueblo de Israel marchó durante cuarenta años por el desierto para ingresar a la tierra prometida, la Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, se prepara durante cuarenta días para celebrar la Pascua del Señor. Si bien es un tiempo penitencial, no es un tiempo triste y depresivo. Se trata de un tiempo especial de purificación y de renovación de la vida cristiana para poder participar con mayor plenitud y gozo del misterio pascual del Señor.

La Cuaresma es un tiempo privilegiado para intensificar el camino de la propia conversión. Este camino supone cooperar con la gracia, para dar muerte al hombre viejo que actúa en nosotros. Se trata de romper con el pecado que habita en nuestros corazones, alejarnos de todo aquello que nos aparta del Plan de Dios, y por consiguiente, de nuestra felicidad y realización personal.

El tiempo de Cuaresma no puede ser vivido con un espíritu ‘viejo’, como si fuese algo pesado y fastidioso, sino con un espíritu nuevo de quien ha encontrado en Jesús y en su misterio pascual el sentido de la vida.

Se trata de consolidar la fe y la vida cristiana, de darle impulso. Debemos decirnos a nosotros mismos que somos cristianos, que queremos serlo más, y que creemos firmemente que Jesucristo ha abierto en medio de nuestra historia el único camino que es absolutamente valioso. Y debemos mirar nuestra vida, hacer examen de conciencia, descubrir con limpieza de corazón qué nuevos pasos podríamos quizá dar.

Mi última recomendación: vive esta Cuaresma como si fuera tu primera Cuaresma, tu única Cuaresma, tu última Cuaresma.

No se olviden de nosotros, contamos con tu apoyo espiritual junto con tu ayuda económica para poder continuar llevando el Esplendor de la Verdad hasta los últimos confines de esta tierra.

Tu hermano en Cristo Jesús y María.

Pepe Alonso