Tres principios del voto católico


Principio número 1: Informe su conciencia
 

Escuchar nuestra conciencia es necesario para tomar cualquier decisión moral. Ser fiel a su conciencia nos une con el resto de la humanidad en la búsqueda de la verdad, y la conciencia debe desarrollarse a través de la oración, la reflexión y el diálogo con otros. Debemos compartir las verdades que hemos descubierto con el propósito de ayudarnos mutuamente en la búsqueda de la verdad, y permitirle a cada quién el actuar prudentemente y de acuerdo a la ley escrita en todos nuestros corazones. El primer paso para votar de acuerdo a su conciencia es informándose, conociendo la posición de la iglesia en temas importantes. Nosotros recomendamos que comience con el documento escrito por el Concilio Pontificio por la Justicia y la Paz titulado Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y el escrito por la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos titulado Ciudadanía Fiel. Ciudadanía Fiel se publica cada cuatro años y enlista los temas más importantes que los católicos deben considerar cuando determinen su voto. Después, estudie las posiciones de los candidatos sobre estos temas visitando sus páginas en la red, prestando atención a lo que se dice sobre sus campañas en los medios de comunicación y hablando con su familia y amistades. Es importante notar las acciones de los candidatos, en particular cómo se han comportado en el pasado sobre ciertos temas, además de lo que él o ella esté diciendo sobre el tema hoy, para poder comprender como se pudieran comportar en un futuro.

 


Principio II: Sea prudente
 

Mientras que una conciencia informada es esencial para distinguir el bien del mal, el realmente hacer lo correcto requiere de la virtud de la prudencia. Prudencia es la sabiduría moral que se requiere para aplicar nuestros principios en un mundo imperfecto y en circunstancias imprevistas. Es como un “sentido común moral” y requiere que nos hagamos la pregunta práctica: ¿Qué candidato realmente cumplirá con un progreso más tangible para el bien común? Como el Catecismo de la Iglesia Católica explica: “Es la prudencia lo que inmediatamente guía el juicio de la conciencia… Con la ayuda de esta virtud aplicamos principios morales a casos individuales sin error y superando dudas sobre lograr el bien y evitar el mal” (CCC, 1806). A través de la prudencia, aplicamos la ley escrita en nuestros corazones a circunstancias de la vida real. La prudencia es especialmente importante cuando decidimos cómo votar. Pocas veces un solo candidato o partido ofrece una serie de posiciones consistentes con la fe católica. Por ejemplo, un candidato quizá no comparta por completo los principios de la iglesia en un tema, pero aún así promueva ampliamente las Enseñanzas Católicas Sociales con sus acciones. Las enseñanzas sociales de nuestra Iglesia son claras, pero muchas veces los católicos entran en desacuerdos sobre la mejor manera de alcanzar justicia y dignidad en el mundo. Anque quizá pocas veces o nunca tengamos la oportunidad de votar por un candidato con las posturas correctas en todos los asuntos importantes para los católicos, muchas veces debemos votar por candidatos que tomen ciertas posturas “equivocadas” de acuerdo a la iglesia con el propósito de incrementar el bien que nuestro voto logra en otras áreas. Los católicos deben considerar seria y reflexivamente lo que es más urgente y posible dentro de nuestro tiempo. Está bien no estar de acuerdo sobre quién votar y por qué votar, mientras que nuestras decisiones se tomen con prudencia y con una conciencia informada.

 


Principio III: El voto por el bien común
 

Como católicos activos políticamente, nuestra responsabilidad principal es por el bien común. Una cultura por el bien común ofrece salud, bienestar y dignidad para todas las personas y promueve el bien de todos, no sólo el de unos cuantos. También se concentra en ayudar a los que lo necesitan más: el pobre y el vulnerable. El bien común no es lo mismo que la caridad. Como San Agustín nos enseña: “la caridad no es substituto de la justicia cumplida.” Una cultura del bien común protege a la clase media, así como a los ricos y a los pobres. Su fundamento reside en la creencia católica de que nuestras vidas son interdependientes. No cuidamos a nuestros vecinos por caridad, sino por amor, y con el entendimiento de que todos estaremos más seguros, más sanos y más libres en un mundo donde nos cuidamos los unos a los otros. Una cultura por el bien común exige justicia para todos los estadounidenses, así como para los ciudadanos de otras naciones. Esto está basado en la creencia de que la salud, la seguridad y la prosperidad de los estadounidenses deben ir mano a mano con el bienestar de todas las personas, y que nuestra humanidad común debe ser más fuerte que nuestras diferencias. Estamos en esto juntos, en el sentido estratégico y moral. Como pueblo de fe, debemos superar una cultura de individualismo y materialismo excesivo, y ver nuestro deber para con la comunidad humana como esencial para ser individuos responsables. El bien común no es únicamente un valor católico. Las tres primeras palabras de la constitución de Estados Unidos “Nosotros, el Pueblo” nos recuerdan que la preocupación por el bien común también es un principio fundamental de nuestra nación.

 


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