26-Marzo-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias

EL PAPA CULMINA EN EL SANTO SEPULCRO SU PEREGRINACION A TIERRA SANTA

Se conmueve al celebrar la Eucaristía en el lugar de la tumba de Jesús

JERUSALEN, 26 mar (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha culminado su peregrinación a Tierra Santa con la visita a la Basílica del Santo Sepulcro, surgida en el lugar en el que, según la tradición, tuvo lugar la crucifixión, la sepultura y la resurrección de Jesús. Un lugar que desde hace dos mil años testimonia el acontecimiento que da razón de ser al cristianismo y que el pontífice quiso venerar, primero con una oración conmovida ante la tumba vacía del Señor y, después, con una liturgia particularmente sugerente.

En un estupendo día de sol, Juan Pablo II entró en el templo acompañado por los tres patriarcas y los demás jefes de las Iglesias cristianas. Precedían la procesión los maceros que anunciaban la entrada acompañando su pasos con fuertes golpes de bastón contra el suelo. El canto de los frailes y el repique de las campanas daban solemnidad al encuentro.

En el atrio, a los pies del Gólgota, en el que Jesús fue crucificado, el Papa se inclinó para besar la Piedra de la Unción. Después, conmovido se arrodilló ante el sarcófago del Santo Sepulcro, besó su piedra y permaneció durante un buen período de tiempo en oración, contemplando el misterio central de la fe cristiana. «Durante casi dos mil años, esta tumba ha sido testigo de la victoria de la Vida sobre la muerte», recordó. «La tumba está vacía: es un testigo silencioso del acontecimiento central de la historia humana».

Desde esa iglesia, que san Juan Damasceno definió como Madre de todas las Iglesias, el sucesor de Pedro recordó que la resurrección de Jesús es el cenit de todas las promesas de Dios y el lugar del nacimiento de una humanidad nueva y resucitada. «En la aurora de un nuevo milenio, los cristianos tienen que mirar al futuro con firme confianza en la potencia gloriosa del resucitado para hacer nuevas todas las cosas. Él libera a toda criatura de la esclavitud de la caducidad».

Desde el Santo Sepulcro, Juan Pablo II pronunció las palabras de Jesús que más ha repetido en este pontificado: «No tengáis miedo, yo he vencido al mundo», e invitó a todos los cristianos a llevar el Evangelio a todos los confines de la tierra. «¡Jesucristo ha resucitado!», concluyó. «Verdaderamente ha resucitado».

Después, al final de la celebración, con motivo de la oración del Angelus, se unió a María la madre de Jesús, junto a la cruz, para llorar con ella por el dolor de Jerusalén y por los pecados del mundo, renovando así su petición de perdón: «Tomando conciencia de las terribles consecuencias del pecados, tenemos que arrepentirnos por nuestros pecados y por los pecados de los hijos de la Iglesia de todas las épocas».