26-Marzo-2000 -- Servicio informativo del Vaticano

LA RESURRECCION NO SE PUEDE SEPARAR DEL MISTERIO DE LA CRUZ

CIUDAD DEL VATICANO, 26 MAR 2000 (VIS).-El Papa celebró misa este mediodía en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Antes, rezó ante la Piedra de la Unción y la tumba vacía de la resurrección y fue acompañado en procesión hasta la capilla de la Aparición, lugar de la celebración eucarística.

El Santo Sepulcro es según la tradición el lugar de la crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo. Actualmente, la basílica está regulada por el Status quo y son co-propietarias las tres comunidades: latina (representada por los frailes menores), greco-ortodoxa y armenio-ortodoxa; los coptos ortodoxos, los siro-ortodoxos y los etíopes pueden oficiar en la basílica.

En el atrio, que está en la entrada, se encuentra la Piedra de la Unción, una gran piedra alisada de caliza roja. Rodeada por candelabros y ocho lámparas, constituye la decimotercera estación del Via Crucis; según la tradición, indica el lugar donde Jesús, bajado de la cruz, recibió los ungüentos. Dentro del santuario, en el centro del templo, se encuentra el Santo Sepulcro, decimocuarta estación, dentro de un espacio de forma rectangular. La fachada está cubierta por lámparas recubiertas por globos de plata. Encima de la puerta hay tres cuadros sobre la resurrección, respectivamente de los latinos, griegos y armenios. La pequeña puerta de madera está siempre abierta, excepto en el momento en que el celebrante armenio o griego debe permanecer solo según las prescripciones litúrgicas. Además, hay un pequeño vestíbulo llamado Capilla del Angel (anuncio de la resurrección a las santas mujeres). Atravesando una puerta se llega a la habitación mortuaria, el Santo Sepulcro, en la que hay un banco de mármol que recubre la piedra original en la que fue colocado el cuerpo de Cristo.

Al inicio de la homilía, el Santo Padre dijo: "Aquí, en la Basílica del Santo Sepulcro, me arrodillo ante el lugar de su sepultura: 'Ved el lugar donde le pusieron'. (...) La tumba está vacía. Es un testimonio silencioso del evento central de la historia humana: la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo".

"(Que aquí -continuó-, donde nuestro Señor Jesucristo ha muerto para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos, el Padre de las misericordias refuerce el deseo de unidad y de paz entre quienes han recibido el don de la vida nueva mediante las aguas salvíficas del Bautismo!".

El Papa afirmó que "la Buena Nueva de la Resurrección nunca puede ser separada del misterio de la Cruz. (...) La Resurrección de Jesús es el sello definitivo de todas las promesas de Dios, el lugar de nacimiento de una humanidad nueva y resucitada. (...) En el umbral de un nuevo milenio, los cristianos pueden y deben mirar al futuro con gran confianza en la potencia gloriosa del Resucitado de hacer nuevas todas las cosas".

"Desde este lugar, donde primero las mujeres y después los apóstoles conocieron la Resurrección, exhorto a todos los miembros de la Iglesia a renovar su obediencia al mandamiento del Señor de llevar el Evangelio hasta los confines de la tierra. (...) Hoy -concluyó-, como humilde Sucesor de Pedro, deseo repetir estas palabras mientras celebramos el Sacrificio Eucarístico en este lugar, el más sagrado del mundo. Con toda la humanidad redimida, hago mías las palabras que Pedro el pescador dirigió a Cristo, Hijo de Dios vivo: 'Señor, )a quien iremos? Tu sólo tienes palabras de vida eterna'".

Terminada la misa y antes del rezo del Angelus, Juan Pablo II dijo: "Junto a María, Mater dolorosa, estamos a la sombra de la Cruz y lloramos con Ella por el dolor de Jerusalén y por los pecados del mundo (...) Conscientes de las terribles consecuencias del pecado, nos sentimos movidos a arrepentirnos de nuestros propios pecados y de los pecados de los hijos de la Iglesia en todas las épocas. (Oh María -exclamó-, concebida sin pecado, ayúdanos a lo largo del camino de la conversión!".

El Papa se trasladó entonces al patriarcado latino de Jerusalén, donde almorzó con los patriarcas y obispos y con los miembros de su séquito, y después se dirigió a la delegación apostólica para descansar.