28-Marzo-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias

EL PAPA CAMBIA A ULTIMA EL PROGRAMA PARA VISITAR EL CALVARIO

Subió en privado por una escalerilla de cinco metros de altura

JERUSALEN, 27 mar (ZENIT.org).- La visita de Juan Pablo II a Tierra Santa terminó con una sorpresa que rompió todos los esquemas de sus organizadores. Sirve también de imagen para cerrar esta semana que calificar de «histórica» sería banal. No es la imagen de un hombre carismático, rodeado de muchedumbres festivas; sino la de un hombre de fe anciano, recogido en oración, ante el misterio del hombre-Dios, en el Calvario en el que entregó la vida por los hombres.

Al visitar ayer por la mañana el Santo Sepulcro, el Papa no había tenido tiempo de rezar en la capilla que recuerda el lugar de la atroz muerte de Jesús. En la tarde, dejando a un lado el programa oficial, insistió en poder ir a rezar ante este lugar de difícil acceso, pues para llegar a él hay que subirse por una escalera incómoda de cinco metros de altura. Pero no hubo nada que hacer: el Santo Padre estaba decidido a visitar el Calvario y al final los organizadores accedieron a su deseo. Lentamente, apoyándose en la barandilla, subió hasta el recito que custodia el misterio de la cruz. Allí se detuvo durante veinte minutos, sumido en un profundo recogimiento.

Uno de los testigos de este episodio fue el superior de la Basílica del Santo Sepulcro, el padre Luis Terrato. Así cuenta lo sucedido: «Cuando el Santo Padre había salido de la Basílica para ir a comer, después de la Misa, expresó el deseó de subir a la Capilla del Calvario, pero los organizadores del viaje le dijeron que no era posible, por falta de tiempo. El Santo Padre se fue del Santo Sepulcro con la espina en el corazón de no haber podido rezar en el Calvario».

Por este motivo, al terminar la comida, insistió ante los organizadores en volver al lugar sagrado. El Papa «subió la empinada escalerilla que lleva a la capilla «con esfuerzo pero con gran energía», continúa diciendo el padre Terrato. «Fue como una subida al Calvario y lo hizo con sufrimiento, pero lo logró: se fue junto al lugar de la "Pietà" del Calvario y allí rezó un buen momento. Le dejamos tranquilo pues sólo había venido para rezar. Nosotros quedamos detrás de él».

La visita al Calvario tenía un significado muy particular para el Papa al final de una peregrinación tan importante, aclara el padre Terrato. «En la homilía, había hablado de la Resurrección y del Calvario: dado que existe una profunda unidad entre la muerte y la resurrección de Cristo, parecía que sin la subida al Calvario le faltaba algo a su viaje. Por eso, creo que en cierto sentido quiso completar de este modo su peregrinación».

El fraile franciscano dice que en ese momento el Papa no estaba particularmente cansado: «Me sorprendió el hecho de que regresara y que tuviera la fuerza para subir: parecería que recibió una nueva fuerza».

Gracias al cambio de última hora en el programa, Juan Pablo II pudo dejar Israel con la conciencia de haber completado su peregrinación espiritual entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.