Películas de terror - participación de los fieles en la Eucaristía
Pregunta hecha por Fabiola Polanco el día 9/18/2017:

Hola hermano, saludos. Tengo dos inquietudes que quisiera compartir contigo, espero puedas ayudarme. La primera está relacionada con las películas de terror las cuales colman las carteleras de cine y atraen a muchos, especialmente jóvenes. Entiendo que algunas versan sobre temas que pueden llegar a ser instructivos acerca del rito del exorcismo o ayudar a recordarnos que el demonio sí existe y realmente actúa en nuestro mundo. Pero otras simplemente son una muestra de morbo y sadismo que despierta cualquier clase de malos sentimientos, en ese sentido, ¿es oportuno para el católico verlas o ser aficionado a ellas? Por otra parte, con preocupación he notado que en mi ciudad (Coro, Venezuela) muchos sacerdotes invitan a los fieles a decir las oraciones presidenciales, doxología, epíclesis, la oración por la paz, entre otras. Yo me uno, manteniendo el silencio, ¿incurro en error por no obedecer a la invitación del sacerdote o lo correcto es que sólo él las diga? De antemano gracias. Un abrazo en Cristo Jesús.

Respuesta por Frank Morera el día 9/19/2017:

Hola Fabiola. Yo no recomiendo ninguna de esas peliculas, eso solo logra engendrar violencia y mal en quien las ve. Eso que me dices que hacen los Sacerdotes esta TOTALMENTE prohibido

[40.] Sin embargo, por más que la liturgia tiene, sin duda alguna, esta característica de la participación activa de todos los fieles, no se deduce necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en sentido material, además de los gestos y posturas corporales, como si cada uno tuviera que asumir, necesariamente, una tarea litúrgica específica. La catequesis procure con atención que se corrijan las ideas y los comportamientos superficiales, que en los últimos años se han difundido en algunas partes, en esta materia; y despierte siempre en los fieles un renovado sentimiento de gran admiración frente a la altura del misterio de fe, que es la Eucaristía, en cuya celebración la Iglesia pasa continuamente «de lo viejo a lo nuevo»[101]. En efecto, en la celebración de la Eucaristía, como en toda la vida cristiana, que de ella saca la fuerza y hacia ella tiende, la Iglesia, a ejemplo de Santo Tomás apóstol, se postra en adoración ante el Señor crucificado, muerto, sepultado y resucitado «en la plenitud de su esplendor divino, y perpetuamente exclama: ¡Señor mío y Dios mío!».[102]

[45.] Se debe evitar el peligro de oscurecer la complementariedad entre la acción de los clérigos y los laicos, para que las tareas de los laicos no sufran una especie de «clericalización», como se dice, mientras los ministros sagrados asumen indebidamente lo que es propio de la vida y de las acciones de los fieles laicos.[116]

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html

Dice la Instruccioni "Misal Romano":

Las oraciones y otras partes que corresponden al sacerdote

30. Entre las cosas que se asignan al sacerdote, ocupa el primer lugar la Plegaria Eucarística, que es la cumbre de toda la celebración. Vienen en seguida las oraciones, es decir, la colecta, la oración sobre las ofrendas y la oración después de la Comunión. El sacerdote que preside la asamblea en representación de Cristo, dirige estas oraciones a Dios en nombre de todo el pueblo santo y de todos los circunstantes. [43] Con razón, pues, se denominan «oraciones presidenciales».

31. También corresponde al sacerdote que ejerce el ministerio de presidente de la asamblea congregada, hacer algunas moniciones previstas en el mismo rito. Donde las rúbricas lo determinan, está permitido al celebrante adaptarlas hasta cierto grado para que respondan a la capacidad de los participantes; procure, sin embargo, el sacerdote conservar siempre el sentido de las moniciones que se proponen en el Misal y expresarlo en pocas palabras. Al sacerdote que preside le compete también moderar la Palabra de Dios y dar la bendición final. A él, además, le está permitido introducir a los fieles, con brevísimas palabras, a la Misa del día, después del saludo inicial y antes del rito penitencial; a la Liturgia de la Palabra, antes de las lecturas; a la Plegaria Eucarística, antes del Prefacio, pero nunca dentro de la misma Plegaria; e igualmente, dar por concluida toda la acción sagrada, antes de la despedida.

32. La naturaleza de las partes “presidenciales” exige que se pronuncien con voz clara y alta, y que todos las escuchen con atención. [44] Por consiguiente, mientras el sacerdote las dice, no se tengan cantos ni oraciones y callen el órgano y otros instrumentos musicales.

33. Y en efecto, como presidente, el sacerdote pronuncia las oraciones en nombre de la Iglesia y de la comunidad congregada, mientras que algunas veces lo hace solamente en su nombre, para poder cumplir su ministerio con mayor atención y piedad. De tal manera que las oraciones que se proponen antes de la lectura del Evangelio, en la preparación de los dones, así como antes y después de la Comunión, se dicen en secreto

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html

Bendiciones+

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