DEJAD QUE LA LUZ DE CRISTO BRILLE EN VUESTRAS VIDAS

CIUDAD DEL VATICANO, 27 JUL 2002 (VIS).-El Papa se trasladó esta tarde de la Casa Madre de las Hermanas de San José al "Downsview Park" de Toronto para participar en la Vigilia con los jóvenes de todo el mundo. El tema del encuentro fue el mismo que el de la Jornada Mundial de la Juventud: "Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo".

El "Downsview Park" era un aeropuerto militar; con sus 260 hectáreas se ha convertido en el primer parque urbano nacional. Aquí celebró misa el Santo Padre durante su visita pastoral en 1984.

Tras dar una vuelta en papamóvil mientras saludaba a los 500.000 jóvenes de 173 países, el Santo Padre subió a un podio instalado en un gran palco.

El acto incluyó un saludo de bienvenida al Papa y a los peregrinos por parte de dos jóvenes canadienses, el testimonio de varios jóvenes de diferentes continentes, la liturgia de la Palabra, el discurso del Papa, la oración de los fieles y la bendición final y el canto del himno de la JMJ 2002: "Luz del mundo".

Al inicio de su discurso, Juan Pablo II recordó que cuando en 1985 dio inicio a las Jornadas Mundiales de la Juventud las imaginaba "como un momento fuerte en el que los jóvenes del mundo encontrarían a Cristo, el eternamente joven, para aprender de El a ser los evangelizadores de los demás jóvenes. Esta noche -continuó-, bendigo y doy gracias al Señor junto con vosotros por el don hecho a la Iglesia a través de las Jornadas".

"El nuevo milenio se ha inaugurado con dos escenarios contradictorios: el de la multitud de peregrinos venidos a Roma en el Gran Jubileo" y el del "terrible atentado terrorista de Nueva York, imagen de un mundo en el que parece prevalecer la dialéctica de la enemistad y del odio".

"La pregunta que se impone -continuó- es dramática: sobre qué fundamentos es necesario construir la nueva época histórica que emerge de las grandes transformaciones del siglo XX? ¿Será suficiente apostar por la revolución tecnológica en curso, que parece responder únicamente a criterios de productividad y de eficiencia, sin una referencia a la dimensión religiosa del ser humano y sin un discernimiento ético universalmente compartido? ¿Es justo contentarse con respuestas pasajeras a las cuestiones de fondo y abandonar la vida a los impulsos de los instintos, a las sensaciones efímeras, a los entusiasmos pasajeros? La pregunta se repite: ¿sobre qué base, sobre qué certezas se puede construir la propia existencia y la de la comunidad a la que se pertenece?".

El Santo Padre puso de relieve que el siglo XX ha intentado "construir la ciudad del ser humano sin hacer referencia a Dios y de hecho ha terminado por construirla contra el hombre. Pero los cristianos lo saben: no se puede rechazar o marginar a Dios, sin exponerse a humillar al ser humano".

La humanidad anhela una "nueva civilización caracterizada por la libertad y la paz", afirmó. Para ello, "es necesaria una nueva generación de constructores" y éstos, aseguró, "debéis ser vosotros, queridos jóvenes".

Juan Pablo II pidió a los jóvenes: "Dejaos conquistar por la luz de Cristo y propagadla en el ambiente en el que vivís. (...) En la medida en que vuestra amistad con Cristo, vuestro conocimiento de su misterio, vuestra entrega a El sean auténticas y profundas, seréis 'hijos de la luz' y llegaréis a ser 'luz del mundo'".

"Esta noche el Papa, junto con vosotros, jóvenes de todos los continentes, reafirma ante el mundo la fe que sostiene la vida de la Iglesia: Cristo es la luz de las naciones. (...) Por eso, os digo esta noche: ¡dejad que la luz de Cristo brille en vuestras vidas! ¡No esperéis hasta que tengáis más años para seguir por el camino de la santidad! (...) Comunicad a todos la belleza del encuentro con Dios que da sentido a vuestra vida. Que en la búsqueda de la justicia, en la promoción de la paz, en vuestro empeño por vivir la fraternidad y la solidaridad, no os supere nadie!".

Terminada la Vigilia, el Papa se trasladó a su residencia en la Casa Madre de las Hermanas de San José para pasar la noche.

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