Palabras del Santo Padre   

25/07/02: Exhibition Place, Toronto, 25 de julio, 2002.

HOMILÍA DEL CARDENAL AMBROZIC EN LA MISA DE APERTURA Y DE BIENVENIDA PAPAL

Cada vez que oro, oro, esté consciente de ello o no, "por Cristo, con Cristo y en Cristo." Esto no hace mi horizonte intelectual y espiritual más estrecho; de hecho, le ofrece su más grande expansión y profundidad. Porque cuando estoy con Jesús, estoy en contacto con el ser humano más verdadero, más real y más genuino, y estoy en contacto directo con Dios Mismo.

1) Jesús es un ser humano totalmente genuino. En Él no encontramos ninguna autodramatización, ningún fingimiento. En él no encontramos evasión alguna a la voluntad de Dios, ninguna connivencia con el mal, ninguna verdad a medias y al mismo tiempo ninguna censura. Él es total bondad, compasión, perdón, amor. Fue capaz de ser "amigo de los publicanos y pecadores" sin nunca comprar esas amistades por medio de la connivencia ni por medio del fingimiento que el pecado no era un pecado.

Jesús está convencido que, en sus obras, sus palabras y su destino, el Reino de Dios ya está presente, ese Reino que es el propósito final de la creación de Dios y de su redención, el Reino en el cual Dios y Sus criaturas deben estar totalmente unidas, donde la voluntad de Dios reinará con supremacía y sin oposición alguna. Este Reino ya existe en Jesús, este Reino se hace visible y operativo en lo que dice y hace Jesús y en lo que le sucede. Él ya es lo que Dios espera que todo ser humano sea. En Jesús, encontramos un sentido inmenso de responsabilidad que permite que lo que no es bueno en la creación sea destruido y que resiste el deseo impaciente de una escarda prematura.

La resurrección no hace que Jesús incremente su existencia terrenal; sino que la preserva para siempre. Sus palabras, dichas en el tiempo y por consiguiente sujetas a la limitación del tiempo, no sucumben ante el paso del mismo ni el olvido, sino que se convierten, como él mismo, en eternamente verdaderas y válidas. Su camino en la tierra no es el de incalculables millones de seres humanos que dejan de importar incluso a quienes son más afectados por ellos, sino que es el camino para cada uno de nosotros. Jesús es y será siempre un judío de Galilea de la primera mitad del primer siglo, que ahora está sentado a la derecha del Padre, que vive y reina para siempre. Ahora es el objeto de la proclamación de la Iglesia porque el Reino de Dios ha alcanzado su realidad completa en él y para nosotros en él.

2) Pero Jesús no es solamente un ser humano, hecho eterno en su resurrección y ascensión. También es Dios. En el Monte de la Transfiguración estamos en contacto con la revelación de Dios; sólo el Padre conoce al Hijo, y Él lo revela. Cuando poco antes de la Transfiguración, Pedro confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, se le dice que ni su carne ni su sangre, es decir: su inteligencia humana y las facultades de deducción, se lo revelaron sino el Padre que está en el cielo. Para conocer quién es Jesús realmente dependemos no de nuestra inteligencia ni perspicacia, sino de la revelación de Dios.

¿Quién es Jesús? Luz y blancura son los elementos de Dios. Se nos ha dicho que "… Dios es Luz, en él no hay tiniebla alguna." (1 Jn 1, 5). Esta luz no viene del exterior de Jesús, como el sol brilla a través de un vitral, sino desde dentro de Jesús. Luego la voz de Dios explica con detalle: Jesús es el Hijo amado de Dios.

Sí, Jesús es un ser humano, pero más que eso, él es Dios, Dios con nosotros, Dios hecho tangible y visible. Jesús es lo mejor que nos pudo haber ocurrido, el signo más grande de la voluntad de Dios de estar nosotros, de Su amor por nosotros.

Qui est Jésus? Lumière et Blancheur rayonante sont les éléments de Dieu. Car "Dieu est lumière et en lui il n’y a aucune obscurité" (1 Jn 1:5). Cette lumière ne vient pas de l’extérieur de Jésus comme le soleil brille à travers un vitrail main émane de l’intérieur de sa Personne. La voix de Dieu le dit clairement: Jésus est le Fils bien aimé de Dieu.

Oui Jésus est un être humain, mais bien plus que cela, il est Dieu, Dieu avec nous, Dieu rendu visible. Jésus demeure le grand signe de la volonté de Dieu d’être avec nous et de son amour pour nous. [N. Traductor: ver los dos párrafos anteriores en español para su traducción.]

Jesús es el Centro de toda la humanidad, de toda la historia humana. En él todos nuestros sueños e ideales, nuestras ideas más grandes, religiosas o laicas, encuentra su sentido esencial y realización. Como en el Antiguo Testamento, presente en el Monte de la Transfiguración en Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, está incompleto sin él, así como todas las otras ideas humanas, sin importar qué tan profundas y hermosas sean, están incompletas si se apartan de él. Solamente en él encontrarán el corazón de sus corazones, la última verdad y bondad para las cuales ellos se esfuerzan.

No por nada Pedro exclama: "Señor, bueno es estarnos aquí." "Estar con Jesús" es la descripción más excelente de la existencia y vida de un discípulo.

3) La orden: "Escuchadlo", es la consecuencia natural de quién es Jesús. En Jesús y a través de Jesús, Dios nos enseña cómo es y qué espera de nosotros.

Al estar con Jesús, al escucharlo y al seguirlo, nos volvemos uno con Él; somos recubiertos con su propia luz. Nosotros mismos nos volvemos luz: "Vosotros sois la luz del mundo... Vosotros sois la sal de la tierra". 

En nuestra vida diaria, en nuestras palabras, en nuestras acciones más comunes y en toda nuestra forma de comportarnos y reaccionar, se nos pide mostrar la faz de Dios al mundo. Se nos pide que estemos dispuestos a dar respuesta a todo el nos que pida razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3,15). Cuando se presenta la ocasión tenemos que presentar, con calma y seguridad, la fe con la que vivimos; debemos rehusarnos a aparentar una tolerancia políticamente correcta que imagina que todas las religiones y convicciones y valores son igualmente válidos. A través de nosotros, el mundo debe ser atraído a Jesús, y con Él al Padre.

 

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